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¿Cuál es el recurso de mayor valor en una organización?

La pregunta que se encuentra como el título de este artículo puede tener una gran variedad de respuestas, pues cada dependencia, área, sector, departamento y personas que ocupan un cargo, función y colaboran dentro de una organización darán una respuesta diferente y condicionada por su propia escala de valores.

Los economistas, los financistas, los propietarios, los directivos, la gerencia, la jefatura y el personal operativo tendrán cada uno su opinión de qué sería lo más valioso dentro de una empresa. Por eso es importante para toda organización dar una respuesta bien definida y unificada a esto pues le ayudará a aclarar su propósito y razón de existir de manera corporativa.

Valor real y valor virtual.

Valor es el grado de significancia o importancia que adjudicamos a algo, por sus cualidades y aptitudes de satisfacer necesidades y producir bienestar o deleite.

Es bueno, para cualquier organización, definir primero a qué le da valor. Cuando hablo de real me refiero a aquello que es verdadero, autentico y que no presenta adulteraciones, que puede ser palpado por todos los sentidos, y es medible por generar un resultado concreto y de crecimiento. Lo virtual es aquello que aparenta ser verdadero, que produce sensaciones pero no llega a concretarse o a ser experimentado en toda la integralidad de la vida, sin producir ningún bien o beneficio palpable.

Para poder entender la diferencia entre ambos conceptos podemos pensar en lo que ocurre entre un billete verdadero y otro falso, pues los dos son muy parecidos. Si una persona, que no tenga la pericia para notar los detalles sustanciales que posee el verdadero, fácilmente puede ser engañada e ilusionada por una realidad virtual, para al final darse cuenta de que nunca tuvo algo de valor real.

Discernir entre lo real y lo virtual es vital para toda organización, porque aquello que más valora es aquello que la hace crecer de manera exponencial, valorizándola también a ella haciéndola relevante, importante, grande y significativa en el ambiente donde se desarrolla.

Instituciones, bienes y personas.

Estoy casi seguro que muchos de ustedes ya dan por hecho que diré que el recurso de mayor valor de toda organización son las personas. Pues sí, lo asumieron bien, son las personas o como comúnmente se conoce, el capital humano. Pero es allí donde veo una debilidad, en que es algo que se ha vuelto común.

Muchos dicen que el capital humano es lo más valioso dentro de una organización, y es cierto. Pero si afirmamos eso sólo para decir lo que es lo políticamente correcto (lo cual atrae aplausos), porque “es lo que hay que decir”, pero sin que se vea en acciones concretas, algo no está funcionando ahí. En ocasiones también da la impresión que es una idea más para cubrir un gran hueco dentro de la conciencia y de las estructuras organizativas. He aquí mi punto, cuando algo importante se dice de manera repetitiva sin que se traduzca en acciones se hace habitual, para luego convertirse en común y así lo común pierde su valor. En este contexto, el capital humano o las personas se ha desvalorizado.

Esto sucede por el simple motivo de que en las organizaciones se tiene la fuerte tendencia de valorar más los recursos financieros, la rentabilidad, la solvencia, la estructura organizacional, el cargo, los proyectos, el hacer y las ganancias. ¡Por favor, no me mal entiendan! Todas estas cosas tienen su valor y para algunas personas les es muy fácil traducir esos valores en cifras. Repito, son valiosas pero no es el recurso más valioso que una organización posee.

La opinión de Jesús sobre las riquezas mundanas.

Analicemos esto desde una perspectiva más objetiva. En el evangelio de Lucas 16: 1-9 encontramos una parábola que habla de un administrador deshonesto y corrupto. A través de ella, Jesús quería despertar las consciencias de sus discípulos sobre la realidad de manejar con astucia los recursos mundanos para que ellas lleguen a producir riquezas espirituales. Al aplicar la parábola él dice: “…y la verdad es que los hijos de este mundo son más astutos al lidiar con el mundo que los rodea que los hijos de la luz. Aquí está la lección: usen sus recursos mundanos para beneficiar a otros y para hacer amigos. Entonces, cuando esas posesiones terrenales se acaben, ellos les darán la bienvenida a un hogar eterno” (Lucas 16:6 NTV).

Con esta aplicación, Jesús nos recuerda la realidad de que el propósito de la vida no consiste en la generación de riquezas, ni en la atención compulsiva y obsesiva de obtenerlas y retenerlas. Para Jesús, el objetivo de la vida es apuntar a lo trascendental, es decir, a aquello que perdura en y más allá del tiempo.

Jesús no niega el valor de los recursos mundanos o terrenales, él dice que las usemos. Debemos ser inteligentes para poder utilizarlas de manera beneficiosa, pero siempre teniendo en mente lo eterno. Ellas, por su utilidad, ayudan a multiplicar los recursos, y deben ser un vehículo, o el medio, para alcanzar un fin, y no el fin con la cual justificamos cualquier medio. El fin de utilizar los recursos terrenales debe ser para el beneficio de las personas y establecer relaciones significativas, y no el beneficio propio.

Según lo que dice Jesús en la parábola, en el plan de Dios las riquezas son una herramienta vinculante entre las personas, pues sirven para dar bienestar a otros, y con eso iniciar buenas relaciones cargadas de sentido de compromiso mutuo, respeto, afecto sincero y búsqueda del bien común. Al ver esto desde la perspectiva de la eternidad, Jesús nos dice que son relaciones que duraran por siempre, pues esos amigos nos darán la bienvenida en el “hogar eterno”. Lo que hagamos por otros dejará marcas que duraran para siempre.

Sentido de responsabilidad social.

Aplicándolo a las instituciones podemos decir que a ellas Dios les ha otorgado el gran privilegio de obtener, generar y administrar grandes cantidades de riquezas con un solo propósito: “para beneficiar a otros y para hacer amigos”. Ante esta verdad, cada organización tiene dos opciones.

Por un lado, ver a las riquezas que genera como medios que Dios le ha otorgado para poder beneficiar a las personas, desarrollándolas para el bien común y así generando un cambio en la sociedad. O, podemos ver el gran valor de una organización y a las personas que son el vehículo que beneficie a la misma, si este es el caso, esa organización está en una bancarrota moral, según Jesús “Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios, es un necio” (Lucas 12:21 NTV).

Muchas organizaciones, con fines lucrativos y sin fines de lucro, tienen planes de acción para cumplir con su responsabilidad social. Las palabras de Jesús analizadas más arriba deberían servir para potenciar y llevarnos a tomar mayor conciencia del valor incalculable que tiene el capital humano dentro y fuera de una organización. Esta valorización necesariamente tiene que llegar a concretarse en acciones que beneficien a las personas vinculadas a las organizaciones en el rol de colaboradores, y a su vez, a la sociedad en donde dichas organizaciones se desenvuelven.

Las organizaciones deben ser conscientes que las personas tienen valor por lo que son y no por lo que hacen. Por haber recibido tanto poder se han constituido en custodios, potenciadores y desarrolladores del valor inherente de cada individuo que la integran. Esta es una comisión divina.

Delante de Dios y del prójimo, el propósito de llegar ser de beneficio a otros, es lo que da relevancia, importancia, grandeza y significado a cualquier organización. Su valor como organización es directamente proporcional al valor que le da al capital humano.

2019-07-08T13:26:18+00:00 julio 3rd, 2019|Categories: Artículos|